Una Cosa y la Otra

 

 

 

 

 

FREMEZ, UNA VEZ MAS

Enrique Román

Reciente aún el Premio Nacional de Artes Plásticas conferido a Frémez (José Gómez Fresquet, La Habana, 1939), el premio Eduardo Muñoz Bachs de Diseño Gráfico que se le acaba de otorgar por la UNEAC a la obra de su vida en este terreno, no es en ningún sentido inesperado.

No descubro nada al afirmar que Frémez es uno de los grandes maestros del diseño gráfico en Cuba. De hecho, una buena parte del excelente discurso de elogio pronunciado por Lisandro Otero en el acto de otorgamiento del primero de los galardones, está referido a su obra gráfica y, principalmente, a ese hecho ineludible en la historia del periodismo y de las artes plásticas y gráficas cubanas, que fue el período en que ambos trabajaron en la revista Cuba, uno como director general y el otro como jefe de su diseño gráfico.

En sus palabras --que lamentablemente no han sido reproducidas-- Lisandro, por ejemplo, cita la nómina de fotógrafos de la revista en esa época: en ella está toda la gran fotografía, la emblemática, de la Cuba revolucionaria en sus primeros años.

Pero ese rico movimiento fotográfico no hubiera podido evidenciarse si el concepto de diseño que Frémez, junto a otro privilegiado staff, el de diseñadores, no hubiera roto esquemas y hubiera permitido la presentación abundante y desplegada, del trabajo de nombres como Korda, Salas, Mayito, Liborio, Corrales, Salitas o Lux Chessex. Aquello no era la reproducción criolla del esquema norteamericano de Life o Look. Ni siquiera de Paris Match, más cercana. Era una concepción auténtica y genuinamente cubana de lo que podía ser una revista de gran formato.

Frémez se ubicó formalmente lejos de los extremos del racionalismo a ultranza de algunos diseñadores de aquel momento, y del barroco decorativista de otras tendencias, ambos lindantes con la incomunicación. En el diseño, Frémez fue eficaz, innovador y cubano. Ése es seguramente uno de sus rasgos distintivo y permanente.

Y el otro: su diseño, que no muestra solución de continuidad con su obra plástica más duradera y de soluciones técnicas contemporáneas --es uno de los pioneros y el más rico exponente del arte digital entre nosotros--, ha sido de auténtico compromiso político, con Cuba y con los pueblos del tercer mundo. De denuncia recurrente entre la riqueza del norte, de su banal pero constante presencia en la publicidad comercial, y la dura realidad de los pueblos desfavorecidos, pobres y hambrientos del sur.

Es la preocupación y el tema no solo de su obra plástica, ya reconocida, sino de empeños históricos para el diseño cubano, como la Exposición del Siglo XX, en 1969, en el Pabellón Cuba, de la cual fue el principal conceptualizador. En su denuncia, a través de los recursos expresivos y de la calidad que se le acaban de reconocer por partida doble, radica la trascendencia de su obra.

Para Frémez, el tiempo no es una limitación para su carrera, tan extensa como intensa y variada, de permanente renovación en el lenguaje y en los instrumentos (dibujo, collage, grabado, gráfica computacional). En una entrevista reciente en Juventud Rebelde lo reafirmó de forma definitiva: “Mi vocación es nunca acomodarme. Lo mejor que a un artista le puede pasar es tener la certeza de que hay un trecho más allá de lo que se ha conquistado”.

En la premiación anterior, Frémez agradeció la presencia de sus numerosos y leales amigos. En realidad, el entorno amistoso de este polifacético creador --también veterano e incansable animador cultural-- es mucho mayor: se extiende a todos los que han admirado su obra y se han reconocido en su constante pronunciamiento contra las injusticias del mundo contemporáneo.

enero 20, 2006